Punto Violeta: fiestas sin violencia sexual

Los festejos locales incorporan una novedad: un espacio seguro para mujeres que informa y atiende casos de violencia sexual.

Texto: Patricia Campelo

Aída Gallego, colaboradora del Punto Violeta, con compañeras de la asociación Morada Lúa, colectivo feminista no mixto ripense. Fotos: Luis García Craus

Son las fiestas de tu pueblo, barrio o ciudad. Has salido a celebrar con amigas y amigos. Ya son las cuatro de la mañana y decides volver a casa. A mitad de camino, en el espesor de la noche, aprietas el paso. Sacas las llaves del bolso. La sujetas con firmeza pensando que podrían defenderte de algún modo. Incluso, alguna vez, agarras el móvil y simulas una llamada, “ya estoy; si te asomas por la ventana me ves”. Y cruzas los dedos para no toparte con nadie. En ese caso aligerarás tu marcha para separarte del viandante. Alguna vez, habrás sentido que las piernas cobraban autonomía y se echaban solas a correr.

El miedo es esa sensación que te domina para proteger tu vida. Es necesario, pero injusto cuando te toca experimentarlo sólo por una razón: eres una mujer y, toda tu vida, cada vez que te has preparado para ir a a cualquier fiesta, te han advertido en casa: “Ten cuidado”.

“Me pasó el otro día en el metro camino a la universidad. Iba tranquila, con mi música, y me faltaban tres paradas para llegar cuando me di cuenta que había dos hombres mirándome, comentando entre ellos y mordiéndose el labio. Me sentí muy acosada. Me bajé mientras me seguían mirando, de arriba abajo, y me dio miedo que se bajaran en la misma parada que yo porque iba sola”, relata al otro lado del teléfono Aída Gallego Márquez, de 19 años y estudiante de Sociología.

Antonia Morera Sánchez, Toñi, de 59 años y miembro de Amnistía Internacional, caminaba un día, hace tiempo, por la calle Amaniel, en Madrid. Un chico de unos veintitantos años trazaba sus pasos hacia ella y, cuando llegó a su altura, puso las manos sobre su busto.

“Me giré, e imagínate todo lo que salió por mi boca mientras él corría como una gacela. Da igual la edad que tengas, te pasan muchas cosas así lo largo de tu vida”, lamenta. Ambas mujeres colaboran este año con una medida novedosa que ha impulsado el Ayuntamiento, durante las fiestas locales, del 11 al 15 de mayo, en primer lugar, y en la Semana de la Juventud, el próximo junio.

Se trata del Punto Violeta: un espacio seguro para mujeres que busca sensibilizar, informar, prevenir y atender en casos de violencia sexual.

Abierto de 22.00 a 04.00 en la carpa al lado de Protección Civil, junto al edificio amarillo del recinto ferial (paseo de Alicia Alonso s/n), y atendido por profesionales y colaboradoras, ofrece un lugar donde pueden acudir mujeres para denunciar una situación de violencia sexual (agresión, acoso, abuso o violación) que hayan vivido o visto, y pedir ayuda práctica o psicológica.

Allí, se dará apoyo a las mujeres violentadas y, en la medida de lo posible, se intentará exigir responsabilidades a los agresores. El punto Violeta viene a dar respuesta así a esas agresiones que, en contextos festivos, pueden verse incrementadas. Lo integran profesionales del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS) y ripenses del tejido asociativo local formadas para esta labor, como Aída y Toñi.

“En la facultad siempre se instala uno cuando se hace alguna fiesta, así que me pareció una gran idea para que todas nos podamos sentir a gusto”, apunta Aída, una de las fundadoras de Morada Lúa, colectivo que nace de la necesidad de ocupar un vacío, ya que antes de esta entidad no existía ninguna asociación de chicas jóvenes de Rivas creada por ellas y dirigida a mujeres, de todo tipo, pero sólo a ellas, de espíritu feminista.

Tras recibir una formación intensa, de tres horas y media, en las que adquirió todo tipo de pautas y protocolos, Aída se ha convertido en una de esas colaboradoras que portará durante estas fiestas el brazalete morado, distintivo que las vincula al Punto Violeta.

“Nos explicaron qué es la violencia sexual, cómo se produce, y hablamos de distintos casos. También nos indicaron cómo reaccionar si llega una chica al Punto con algún problema. Asistieron chicos a esta clase, y eso estuvo muy bien”, detalla.

Esta antigua alumna del instituto Duque de Rivas reflexiona sobre el modo de identificar estas situaciones de violencia sexual: “Si le pasa a otra es fácil reconocerlo porque te sabes la teoría y la aplicas. Pero cuando te pasa a ti te planteas si estás exagerando. Nos han educado así, en pensar que no es para tanto, y a veces nos falta convicción y que nos dejen de ametrallar con que somos las culpables. Hay que decir, ‘me has hecho daño’, y hasta aquí”.

Asegura también que en la universidad ha aumentado su concienciación feminista, y anticipa que cuando acabe le gustaría profundizar sobre el tema: “Me gustaría dedicar mi vida a estudios de investigación sobre la raíz del patriarcado y soluciones para combatirlo; ahondar y tratar de cambiar un poco las cosas”.

Toñi es miembro del Consejo de Mujeres de Rivas, y se encuentra prejubilada a causa de un ERE en su empresa. “Siempre estamos dispuestas a colaborar en cualquier acción contra la violencia sexual. El Punto es un espacio de seguridad para las mujeres. Por eso tenemos que estar ahí”, defiende. Esta vecina percibe cómo ha aumentado la sensibilidad en los últimos tiempos.

 

“Hubo un punto de inflexión con el asesinato machista de Matilde [de Castro] el año pasado. Ya estábamos convencidas pero su muerte tuvo mucho que ver en que ahora somos más, y más activas. Siento que ha habido un clic que nos ha hecho pasar del ‘hay que hacer’ al ‘vamos a hacer algo’. Y desde ahí empieza a cambiar todo. Estamos todas a una”.

Toñi también ha ido notando cómo ha crecido la denuncia y la visibilización de la violencia sexual, algo que antes “se achacaba a algo feo, pero no lo llamábamos violencia”. “Sobre los piropos nos decían que no era para tanto”, deplora. “Ahora ha saltado algo, y es que han pasado muchas cosas en los últimos años que han hecho que ya no se vea normal, y que no se normalicen esas actitudes”.

VIOLENCIA SEXUAL

“La violencia sexual es ese tipo de violencia de género en el que los agresores intimidan a las mujeres apropiándose de sus cuerpos. Al considerarlo como violencia de género tenemos que desvelar también esos micromachismos, que no son micro por pequeños sino por lo invisibilizados que están. Desde el piropo hasta a la violación. Todo ese itinerario de violencias sexuales cada mujer va a vivirlo de manera diferente pero no podemos minimizar ninguna violencia. En el acoso a las mujeres por su cuerpo o por su apariencia es donde está todo el contenido de la violencia sexual”, identifica Sonia Lamas Millán, psicóloga y portavoz del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS), una de las expertas que dará cobertura al Punto Violeta en estas fiestas de Rivas.

Esta profesional narra el origen de estos espacios seguros que se generalizaron a raíz de la violación en grupo a una joven en Pamplona, durante los Sanfermines de 2016: “El activismo feminista más joven se planteó la posibilidad, en sus entornos de fiestas locales, de poner estos puntos. Aunque a principios de los años 2000 ya hubo iniciativas municipales similares con otras denominaciones”, aclara Sonia Lamas.

“Pero hay que ir más allá, y que estos espacios se conviertan en ese punto de referencia los 365 días del año para las mujeres que en algún momento han sufrido algún tipo de agresión sexual”, defiende.

SIN MIEDO

Los puntos violetas son otro de los elementos que pueden contribuir al empoderamiento femenino para atajar el miedo, una sensación fundamentada, según la experta, “en nuestro imaginario social”. “A las mujeres nos educan con la base del miedo y de que nuestro cuerpo genera en el sexo masculino una serie de incitaciones. El planteamiento de ‘ten cuidado’ ya nos está poniendo en una intervigilancia. Y nosotras no tenemos que tener cuidado; los chicos, cuando empiezan a salir, tienen que aprender que si les dicen no, es no”, aclara.

En entornos festivos, estas violencias pueden aumentar, una explicación que la psicóloga y portavoz de CAVAS explica en el hecho de que la violencia sexual “es ejercida, mayoritariamente, por hombres que pertenecen al entorno de las mujeres”.

“Eso hace que en contextos de fiesta, al estar con gente que conoces, te puedas sentir menos vulnerable pero lo estás siendo mucho más. Y hay mucha confusión porque las mujeres no tenemos información y formación sobre lo que significan estas agresiones, por tanto, difícilmente podremos identificar como tal esa invasión de nuestro cuerpo”, esclarece.·


PUNTO VIOLETA EN LAS FIESTAS DE RIVAS

Viernes 11 a martes 15, De 22.00 a 04.00.
Carpa al lado de Protección Civil.
Junto al edificio amarillo.
Recinto ferial. Paseo de Alicia Alonso s/n.

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