CAVAS participa en las jornadas sobre violencia sexual organizadas por el Institut Balear de Dona

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(Imagen: Diario de Ibiza)

Dolores Cidoncha cerró el lunes las jornadas sobre violencia sexual organizadas por el Institut Balear de Dona en el Hospital Can Misses. Dedicada desde hace más de veinte años a la prevención de las agresiones y la atención a las víctimas, destaca la importancia de la educación en igualdad para acabar con las violaciones.
En la Edad Media a las mujeres nos violaban. En el siglo XXI siguen haciéndolo. ¿No hemos avanzado?

Vivimos en una sociedad machista y patriarcal y el papel de la mujer, aunque ha avanzado en algunas cosas, en muchas otras no. El rol que desempeña socialmente la mujer sigue siendo inferior al del hombre.

Cada ocho horas violan a una mujer en España. Pone los pelos de punta. ¿Qué se puede hacer?

La solución está en educar desde muy pequeños en igualdad de obligaciones y derechos y en cambiar la estructura básica de los conceptos de los roles de hombre y mujer. Se nos debe llegar a tener el mismo respeto que a cualquier varón.

Además, esas son sólo las violaciones que se denuncian.

Sí, de las que hay registro. Hay muchas más, pero no se denuncian.

¿Por qué seguimos sintiéndonos culpables? No sólo cuando nos violan, sino incluso cuando nos dicen algo por la calle.

Así es. La culpa es un factor fundamental tanto en las agresiones sexuales como en otro tipo de violencia sexual que quizás no es tan contundente, pero que, psicológicamente, también hace daño. Tenemos aprendido el papel de sumisas, de pasar desapercibidas y deprisa no sea que pase algo peor. Te dicen una burrada por la calle y bajas la cabeza.

Se cumple ahora un año de la violación en grupo de una mujer en los sanfermines. ¿Es un comportamiento más habitual de lo que pensamos?

Se habla de la mente de la masa. Cuando se juntan varias personas que tienen los mismo concepto y la misma manera errónea y machista de entender la vida se alientan y se refuerzan en que lo que están haciendo. Piensan que no es tan malo, que en el fondo ella lo quería…

El otro día, por la mañana, saliendo de casa, había doce hombres en un bar y a todas las mujeres que pasábamos nos gritaban burradas, nos jaleaban, aplaudían… Era de día y había gente, pero de noche en una calle solitaria… En ese momento entendí el concepto de manada.

Es así. Hay que tener muy claro que el hecho de que hayan bebido no es un eximente. La bebida desinhibe. Si se junta un grupo y si, además, han bebido y consumido drogas, es un cóctel molotov.

Nos llevamos las manos a la cabeza con las violaciones brutales que ocurren en India o Sudán, pero tenemos una violación como la de Pamplona aquí y hay quien la disculpa. ¿Por qué?

Lo que ocurre en otros países lejanos o que consideramos menos avanzados nos parece más sorprendente y puedes permitirte llevarte las manos a la cabeza porque, cuando la giras, ya se te ha olvidado. Cuando vives una realidad en tu país a veces hay quien se niega a aceptar que eso es así. Es mejor minimizarlo, no darle tanta importancia y pensar que los de fuera están peor.

Atiende a víctimas de agresiones sexuales. Cuando una llega al centro, ¿qué es lo primero?

Las vemos cuando, generalmente, ya han puesto denuncia. Si no lo han hecho y dudan sobre qué hacer lo más importante es no presionarlas, pero sí informarles de las ventajas y los inconvenientes. Informar y alentar a poner la denuncia porque si no la ponen, la mayoría de las veces siguen estando en riesgo. Porque el agresor suele ser alguien que conocen, con acceso inmediato. Hay que alentarlas y entender las circunstancias. No juzgar ni valorar la actuación de la víctima. Asesorarla, darle la información que requiera para tomar una decisión, ofrecerle terapia psicológica y asistencia jurídica en el caso de que al final denuncie.

Habla de inconvenientes. ¿Cuáles se van a encontrar?

No sería leal lanzarlas sin red. Inconvenientes hay muchos. Falta de formación de los agentes implicados y sitios en los que no hay un protocolo establecido o que no siempre se cumple. Hay incidencias en analíticas y pruebas y carencias que hacen que sea difícil demostrar la autoría del delito. No decimos nunca a la mujer «denuncia que vas a ganar», le decimos «denuncia que haremos todo lo posible». El juzgado es muy lento, al menos en Madrid, pero supongo que es algo generalizado, y les hacen las pruebas periciales cuando ya están de alta.

¿Perdón?

Sí, les hacen las pruebas para ver si tienen secuelas un año y medio después de que haya ocurrido la violación. Los informes nunca coinciden. Tú haces uno y dos años después te dicen que no están de acuerdo. Obvio. Es como si tienes hoy una gastroenteritis, el médico te hace un informe y el perito viene dos años después a ver si tienes gastroenteritis. Pues no. Te habrías muerto. Pues esto igual. Hay muchos déficits y todos podemos poner un granito de arena. La experiencia que tengo es que cuando hablas de esto los profesionales se ponen a la defensiva. Todos dicen que lo hacen bien, pero alguien lo hará mal. Si todo el mundo lo hiciera bien no tendríamos tantos problemas. No se trata de juzgar su actuación, sino de ser conscientes de que todos nos equivocamos, pero que hay que intentar hacerlo bien y seguir unas pautas que impidan una revictimización.

Cuando se les pregunta cómo iban vestidas, si conocían al agresor…

Sí, esto genera culpa. Todas las agresiones generan secuelas, pero éstas varían dependiendo de cómo hayan sucedido las cosas.

Imagino que les cuesta recuperar la vida sexual.

Los problemas en la sexualidad son una de las secuelas, pero no es la única, ni siquiera la más importante.

¿La más importante es el miedo?

El miedo y la desconfianza. La dificultad para relacionarse con la gente. Si tienen miedo y dificultad para relacionarse con la gente no van a llegar al punto de tener una relación sexual. Cuando arreglas eso el tema sexual se acaba resolviendo, salvo casos puntuales. En la mayoría de ocasiones, cuando la mujer vuelve a confiar en el mundo esto se soluciona solo.

¿De quién es labor de acabar con la violencia sexual?

De todos. Evidentemente, tiene más responsabilidad quien tiene más poder. Los cargos públicos tienen mucho que hacer. Pero es trabajo de todos. Todo lo que se visibiliza se acaba interiorizando. En 2004, cuando salió la ley de violencia de género, no se visibilizaba nada, ahora hay anuncios de televisión, los famosos se posicionan, se hace el vacío al agresor… Saber que ese comportamiento tiene una consecuencia penal y una repudia social frena algunos comportamientos, hay quien se lo piensa. Algunos no dejarán de maltratar por eso. A otros no se les convence, pero, aunque suene feo, eso les coacciona, se sienten en la obligación de seguir la norma social. En las agresiones sexuales eso no existe. Tenemos que perseguir que tenga la misma difusión que la violencia de género. Las agresiones sexuales no tienen el mismo número de muertas físicas, pero dejan muchas muertas emocionales. Es igual de importante combatirlas porque las mueve lo mismo: el machismo.

¿Es optimista?

Soy optimista por defecto, pero antes, quizás porque era más joven, lo era más. Empecé haciendo prevención en colegios e institutos en el 96 y había mucho por lo que trabajar, lo dejé una temporada, volví sobre el 2005 y pensé «no puede ser». Las cosas estaban peor que antes, en vez de avanzar, de encontrar menos dificultades y más flexibilidad mental, más educación en igualdad, más respeto hacia la mujer y sus compañeras, era al revés. Dejé de ser optimista. No puedes dejar de trabajar en esto porque si paras, se lía.

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